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Antidepresivos: mitos vs realidades

publicado a la‎(s)‎ 6 abr. 2016 4:11 por Dra. Karina Muñoz Rodríguez   [ actualizado el 9 nov. 2016 0:53 ]
Antidepresivos

A diario asisto a personas que o bien reciben tratamientos antidepresivos desde hace muchos años, o bien tienen dudas acerca de si necesitarían iniciar una terapia con psicofármacos. Asimismo, cuando me encuentro ante personas que realmente se verían beneficiados de estas medicaciones, están llenos de dudas: ¿lo podré dejar algún día? ¿me voy a enganchar a eso?. Incluso hay quienes dan por sentado que no van a poder dejar el tratamiento y/o que se van a enganchar porque “eso es como la droga”.

Por tanto, a diario me encuentro ante la necesidad de realizar la labor psicoeducativa de desmitificar lo que popularmente se piensa que hace el antidepresivo (no, no es la droga de la felicidad), de enseñar la diferencia entre la abstinencia de fármacos y los posibles efectos secundarios por la retirada, y muy especialmente, reasegurando a las personas sobre cómo se debe realizar un tratamiento con antidepresivos.

Sobre esto último (el correcto tratamiento con antidepresivos) hay varias cosas que decir:

Una vez que se inicia un tratamiento de este tipo, hay que supervisarlo para reajustar las dosis en función de los síntomas:

Existe lo que se llama 'dosis mínima efectiva'; eso es, la mínima cantidad de fármaco que es necesario para que éste produzca el efecto deseado. Por debajo de esa dosis, quizás el tratamiento ayude a paliar algunos síntomas (como la ansiedad, por ejemplo), pero no todos; por esto, la infradosificación retarda la recuperación ad integrum, sobre la que también hay mucho que decir, pero lo dejaremos para otro post.

Al inicio del tratamiento, cuando los síntomas están más a flor de piel, lo correcto es iniciar la medicación antidepresiva poco a poco -para minimizar o eliminar los posibles efectos secundarios- hasta llegar a la dosis mínima eficaz.

Al cabo de unos meses (cuántos, depende de la evolución del paciente), cuando éste llegue a encontrarse tan bien que piense que “ya estoy curando”, será necesario mantener una dosis 'de mantenimiento', con la que aseguramos que la recuperación es estable.

Al cabo de esos meses, el tratamiento se va retirando también progresivamente, para evitar la aparición del 'síndrome de retirada'.

De esta manera, un tratamiento psicofarmacológico supervisado y con dosis ajustadas en consonancia con los síntomas activos, complementado con una buena psicoterapia, no constituye un tratamiento nocivo, imposible de suspender ni que “cree adicción”. Por el contrario, los tratamiento pobremente supervisados y con dosis no ajustadas según la clínica, es un tratamiento que probablemente se alargará en el tiempo más de lo necesario, existiendo la posibilidad de que la retirada de la medicación sea un proceso complicado en cuanto que el usuario se ha adaptado a la medicación (adaptado, que no “enganchado”) y que su sistema nervioso tarde un poco más de lo habitual en restablecer todos los neurorreceptores necesarios para volver al orden; y en estos casos, aunque la retirada tarde más y quien la sufre piense en desistir, ¡dejar la medicación es posible!.