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Antidepresivos: ¿cómo y cuándo sé que están cumpliendo su función?

publicado a la‎(s)‎ 9 feb. 2016 12:39 por Dra. Karina Muñoz Rodríguez   [ actualizado el 9 nov. 2016 4:47 ]
Tratamiento depresión
Siguiendo en la línea del post anterior, hoy quiero tocar el tema de los antidepresivos: cómo y cuándo empezamos a notar una mejoría.

Casi todos los días me encuentro contestando preguntas que formulan pacientes a través de buscadores de médicos y cuyas dudas se relacionan con el tratamiento antidepresivo que han empezado a tomar hace menos de dos semanas.

Por un lado, me alarma que sea una duda tan recurrida en estos buscadores e incluso en internet en general; denota que los profesionales -por el motivo que sea- no estamos realizando una correcta transmisión de la información cuando explicamos a nuestros pacientes qué tratamientos queremos iniciar, para qué son y qué efectos van a notar inicialmente.

En lo personal -probablemente porque quienes acuden a consulta conmigo saben que tiendo a explicar al detalle aquello que tengo intención de prescribir, siempre que el paciente esté de acuerdo-, y especialmente en lo que a antidepresivos respecta, creo que es una buena práctica repetir todas las veces que sea necesario aquellas sensaciones que pueda sentir el individuo una vez que tome el tratamiento:

1.- La mejoría tarda entre dos y tres semanas en empezar a notarse; eso no significa que desde el mismo inicio de la toma de medicación, éste no esté actuando sobre su diana ni esté teniendo un efecto sobre los síntomas. Significa, simplemente, que la mejoría es progresiva en cuanto el sistema nervioso central empiece a “recolocar” sus neurotransmisores como toca.

2.- La mejoría no es integral ni inmediata. Esto quiere decir que la mejoría que se consigue con los psicofármacos es progresiva: aquellos síntomas que aparecen de último son los primeros en mejorar. Así, por ejemplo, la sensación de pesadez o enlentecimiento que sufre un paciente con depresión es el último síntoma en aparecer y el primero en recuperarse, mientras que el insomnio (primer síntoma que aparece) es el último que se subsana.

3.- El tratamiento psicofarmacológico es un “parche”. Esto significa que es cierto que sólo con psicofármacos es posible recuperarse de una depresión y curarse, pero hay que tener claro que esta recuperación es sólo de ese episodio depresivo en concreto. Los psicofármacos no servirán para evitar la aparición de nuevos episodios depresivos, especialmente si estos son debidos a situaciones adversas de la vida cotidiana y nuestra manera de hacerles frente; en estos casos, es necesario realizar un “cambio de chip” realizando una psicoterapia adecuada y encaminada a la adquisición de nuevas herramientas que nos doten de otros mecanismos para afrontar las adversidades de manera más eficiente.

a) Precisamente porque los antidepresivos son un “parche” para los síntomas, y porque la mejoría tarda en llegar, solemos administrar “parches complementarios” para tratar dos aspectos de la depresión que son devastadores: la ansiedad y el insomnio. De esa manera se consigue un mejoría parcial mientras el que deberá ser el tratamiento de base (el antidepresivo) va actuando como cronológicamente debe hacerlo.

b) Esto no debe significar que quien recibe tratamiento tenga que permanecer con cargas de tratamiento desproporcionales en el trascurso de la enfermedad hasta la resolución de la misma. Al contrario, el profesional debe supervisar la medicación para ir realizando reajustes en la medida que la mejoría vaya teniendo lugar, para retirar hipnóticos y ansiolíticos y mantener sólo el antidepresivo.

4.- El tratamiento antidepresivo no es “para siempre”. La intención de cualquier tratamiento es curar una enfermedad. Lo mismo con los antidepresivos: una vez que se haya alcanzado la estabilidad, se mantiene unos meses para asegurar la persistencia de la estabilidad, y posteriormente se retira.

5.- Todos los tratamientos médicos llevan asociados una serie de efectos secundarios, pero siendo francos, la mayoría de las personas a las que se les prescriben psicofármacos, en el fondo son reacias a tomarlos. Porque los antidepresivos también dan lugar a efectos secundarios, más molestos especialmente cuando se empieza a seguir la medicación, frecuentemente en forma de dolores de cabeza o molestias gastrointestinales, todas las cuales aparecen durante los primeros días del inicio de la medicación y de los sucesivos incrementos de dosis. Este es el motivo por el que solemos realizar una dosificación ascendente de los antidepresivos: porque de esta manera minimizamos los efectos secundarios.

Poniéndome en el lugar del paciente (ante todo, siempre debemos ponernos en el lugar del paciente), los profesionales debemos tener en cuenta que la persona que se sienta delante de nosotros nos está abriendo sus sentimientos exponiendo lo que más le duele y preocupa; se trata de pacientes que tienen un gran sufrimiento emocional, mucha carga de dolor en su alma. No es de extrañar, pues, que el aluvión de información que puede estar recibiendo durante la consulta no pueda ser asimilada a la velocidad a que la explicamos nuestras teorías en un muy estrecho margen de tiempo. De allí que muchas veces salgan de la consulta con muchas dudas (¿qué tratamiento me ha dado? ¿esto para qué sirve? ¿estoy tan enfermo así?), que sumadas a la necesidad de resolverlo todo “aquí y ahora” -como ya decía en el post anterior-, al cabo de unos días de “estar tomando pastillas” lleven al paciente a la conclusión de que el tratamiento “no me está haciendo nada”.