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El alcohol como droga social

publicado a la‎(s)‎ 12 feb. 2016 6:38 por Dra. Karina Muñoz Rodríguez   [ actualizado el 9 nov. 2016 4:40 ]
Hoy deseo tocar un tema diferente al de los otros dos post previos: los tratamientos para el consumo abusivo de alcohol.

Es evidente que el alcohol es una droga lícita, socialmente aceptada y sumamente fácil de conseguir. No es necesario realizar malabarismos para encontrarla que más nos guste: está en restaurantes, cafeterías, supermercados, gasolineras…. Porque todos son sitios de compra habituales.

También es verdad que el nuestro es un país en el que culturalmente se ingiere mucho alcohol. En reportajes de prensa bastante recientes se postula que ingerimos tales cantidades, que incluso infravaloramos el riesgo que tenemos de convertirnos en alcohólicos. Para más señas, he hecho eco de algunas de esas publicaciones en mi página de Facebook y +Google.

Por otro lado, todos sabemos que el alcohol facilita la interacción social al servir como desinhibidor, a la vez que surte un efecto relajante y sedativo; precisamente esto es lo que convierte al alcohol en una droga muy habitual entre las personas con ansiedad y depresión.

El alcoholismo es un problema. Y lo más difícil cuando se tiene un problema es admitirlo; esa es la puerta a todos los demás pasos encaminados a la resolución. Lógicamente a quien le sufre le resulta difícil aceptar la situación en la que se encuentra, ni mucho menos admitirlo ante la sociedad. Implica reconocer una debilidad que incluso podría constituir un motivo de rechazo. Y quien abusa del alcohol ya normalmente se siente bastante solo.

El reconocimiento del problema es el principio de una lucha del individuo contra el individuo mismo; hace falta mucha introspección, voluntad y una motivación de acero. Y como le ocurre a todo ser humano, en ocasiones la voluntad flaquea.

De allí que no sea de extrañar que con frecuencia algunos pacientes planteen en las redes sociales cuándo pueden volver a beber alcohol habiendo empezado un tratamiento con Antabus (o Colme), o cuánto tiempo tienen que dejar pasar entre el abandono del Antabus y “un chupito”.

Desde la psiquiatría ¿cómo ayudamos a quienes reúnen las condiciones de introspección, voluntad y verdadera motivación?. Con los interdictores. El Antabus o el Colme son medicamentos que llamamos “interdictores del alcohol”, y su finalidad es la de inhibir la enzima hepática encargada de la metabolización de la sustancia. De forma simplificada, de lo que se trata es de que si se ingiere una pequeña cantidad de alcohol mientras se toma un interdictor, haya un malestar físico similar al de la embriaguez. Por tanto, el Antabus y el Colme son un refuerzo a esa voluntad y motivación, porque los profesionales sabemos -con base a nuestra experiencia clínica- que quien sufre este problema se encara con un hecho que se ha empeñado en negar sistemáticamente: que el alcoholismo les domina a ellos, y no ellos al alcoholismo.

Precisamente incurrir en el error de pensar que es el sujeto quien controla a la bestia y no al contrario, es que no es extraño ver al paciente cometiendo otro error aún peor y más destructivo: el de pensar que llevar cierto tiempo abstinente significa que el problema ya está solventado; “y que no pasa nada si me bebo sólo una después de tanto tiempo abstinente”…

Así pues, a todas las personas que preguntan qué pasa si dejan el Antabus o cuándo pueden volver a beber tras empezar el tratamiento, siempre les invito a plantearse con cuanta fuerza desean llevar una vida sin ataduras, qué tan motivados realmente están y a qué están dispuestos a renunciar para conseguirlo.