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“Adicción a las pastillas”: mitos y realidades

publicado a la‎(s)‎ 28 nov. 2016 6:50 por Dra. Karina Muñoz Rodríguez   [ actualizado el 29 nov. 2016 8:21 ]

Antes de empezar, conviene tener claro ¿qué significa el término “adicción”?.

Adicción, concretamente, es “la dependencia psicológica a alguna sustancia”, que se mide en función de:

1.- Cada vez necesito tomar más dosis de la sustancia X para conseguir el mismo efecto. Por ejemplo: si empiezo fumando un cigarrillo al día y me encuentro bien… al cabo de un tiempo necesitaré fumar más cigarrillos para conseguir la misma sensación de bienestar.

2.- En ausencia de la sustancia X, el cuerpo  no me responde de la misma manera, se me alteran los sentidos y todo lo que hago, lo hago por conseguir esa sustancia X que me “sienta bien” (y ésto es la abstinencia o ‘mono’)

Es bastante habitual que, en consulta, los pacientes se muestren reticentes a tomar medicación porque tienen -y así lo expresan- “miedo a acostumbrarse al tratamiento; miedo a engancharse”.

Estas dudas deben entenderse como naturales en cuanto a que son motivadas por lo que popularmente se comenta sobre los tratamientos, y es que todos hemos escuchado alguna vez de alguien que tuvo mono cuando le retiraron la medicación.

En este sentido hay que distinguir lo que realmente es la abstinencia de lo que es el síndrome por discontinuación de un medicamento: mientras que en la abstinencia el individuo que la sufre presenta una serie de síntomas (característicos según la sustancia a la que se sea adicto) tan desbordantes, que puede incluso a poner en peligro su vida o la de quienes le rodean por tener la sustancia a su alcance y consumirla, en el síndrome de discontinuación se producen una serie de síntomas molestos (o muy molestos, sí) pero no se llega al punto de hacer “lo que sea por volver a tomar la medicación”. Para tratar la adicción no sólo es necesario un abordaje encaminado a evitar la abstinencia sino que también que hay realizar un proceso (largo) de deshabituación a la sustancia de abuso, en el caso de los tratamientos psicofarmacológicos sólo es necesario realizar un descenso de la dosis del tratamiento de forma lenta y progresiva hasta su supresión, sin necesidad de más abordajes; es decir, no es necesario un proceso deshabituador porque no existe dependencia psicológica.

¿Cuándo aparece el síndrome de discontinuación?. Bien cuando la medicación se suspende de manera abrupta, o bien cuando el descenso de la dosis se realiza de forma muy rápida. Porque no debemos perder de vista el hecho de que las medicaciones que actúan sobre el sistema nervioso central producen una serie de modificaciones a nivel neuronal (fundamentalmente expresión o no de determinado tipo de receptores en la membrana celular) que repercuten en el funcionamiento de las neuronas y, consecuentemente, del resto del organismo. Y todas esas modificaciones toman su tiempo por su complejidad. Por ello, debemos dejar que el organismo siga su curso para “adaptarse” (¡que no ‘acostumbrarse’!) a los cambios que induce el tratamiento ya que querer hacer las cosas muy rápidamente tanto al inicio como al final del abordaje farmacológico conlleva malestar físico. Ese es el motivo por el que el manejo de las dosis de los psicofármacos debe ser lenta y cuidadosa, y de que el efecto de la medicación no se note inmediatamente, “como el ibuprofeno” como suelo decir siempre en consulta.

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